Lamentaciones sobre la Muerte de M. Lambert

viernes, 13 de agosto de 2010



tout change dans ces bocages

Sentado frente a la tarde que cae sin remedio al vacío,

Oigo la triste música

Sobre un bajo continuo de hojas y de claroscuros

Que se arrastran y revolotean entre los últimos rayos del sol,

Danzan, tal vez preguntándose lo mismo que yo:

Habrá un espacio entre la luz y la sombra para el Triunfo del Amor,

O el amor es sólo la excusa para otras arias del corazón.

Mis piernas cuelgan sobre el abismo del ocaso,

Tan profundo como sus oscuras doce horas

Que constantemente se arrepienten

De las memorias idas con las luces del día.

Y allí sobre la sombra más oscura

¡Oh Muerte! ¡Oh Muerte! Terrible amante de la vida

Ángel y musa de negras e infinitas alas

Que tocan los bordes del Tiempo,

Miras mi rostro taciturno, invocas tu mirada de acero

Lanzas tu guadaña con sabor a absenta y mandrágora,

Escudriñas mi alma y oyes la música en el aire de antiguas eras,

Cierras tus alas y te sientas a mi lado, a susurrarme tus penas,

Te lamentas de llevarte al músico que con tanto amor

Cantó tu melodía preferida, esa que te hace llorar

Agua sin sal con las que borras memorias ajenas,

Tus ojos negros me invitan a tocar tu seca mejilla

Pero te apartas torpe y feroz, mientras me recuerdas:

¡Oh Muerte! ¡Yo Muerte! Terrible amante de la vida.

Y mis piernas colgadas al abismo de la noche ida, no se inmutan,

Mientras el inmenso Ángel, envuelto en piel de musa,

Se aleja con un sonido de pavana antigua

Tiñendo lo que toca con un sabor a dulce y ocre reposo,

¡Oh, Muerte! Tan sola Muerte, en tu abismo.


Molpo.


ETERNO

domingo, 1 de agosto de 2010









Me miraste Diosa turquesa, señora de la ira y del dolor.

Y huyeron de mí todos los signos que dan vida al cuerpo

El aire dejó de entrar a mis pulmones, mis ojos cerrados

El agua y la sangre estancadas en mis entrañas y mis venas

Y el pensamiento apagado tras un ruido seco y lejano.

En mi boca, mi lengua sujetaba un pedazo de manzana

Incrustada como un dulce puñal de plata y arsénico.

Y así, moría y no moría, mi alma sujeta al cuerpo,

Habitando el necio silencio de tu malvado hechizo.

No tengo miedo de quedarme aquí dentro de mí,

Que el moho y las hierbas me cubran y habiten mi piel,

No temo a tu triunfo efímero, a tu risa plena y a tu llanto hueco,

No me importa esperar sin ninguna esperanza

Oyendo la tierra bullir de vida, duermo mi espera,

Y ante tu torva mirada, ante tu impertinente celo,

Mi amor se despertará un día, ante el nuevo Sol,

Correrá en mi búsqueda, excavará incansable el bosque

Encontrará sus tesoros y memorias robados por ti,

Reclamará su voz ante los sauces, los fresnos y los robles,

Resucitará la luz con su voz para abrir caminos y brechas,

Y allí en una lúgubre esquina, llorada por una Ceiba

Posará su vista de claro verdor, se arrodillará

Seguirá la raíz del inmenso árbol hasta su fin,

Y temblando, en la tierra me reconocerá,

Sus blancas manos cavaran para sacarme de mi lecho,

Y sus lágrimas lavarán mi mohoso cuerpo,

Mi rostro cubierto de barro y helechos se limpiará

Ante su aliento de estrellas y eones,

Y la luz de su triste canto me envolverá.

Volveré a la vida, escupiré la manzana de plata y arsénico,

Extrañamente le sonreiré:

- Te esperaba, me moría hace siglos- le diré

Y sólo por un beso y su sonrisa, esperados

Por siglos y siglos, mi alma podrá liberarse,

Pues nunca entendiste, Diosa de la ira y del dolor,

Que el amor, y sólo él, puede ser eterno.

 
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