CAÍN

sábado, 30 de junio de 2012


Caín
El hijo de Caín se preguntaba, vez tras vez,
Sin poder evitarlo, al mirar a su padre,
Qué era aquella marca en su frente
Y aquella tempestad amarga en sus ojos.

Se sentaba cerca del fuego y oía
Las chipas de la leña repetir hirientes palabras
Maldiciones sagradas contra su padre

Y el agua del mar se empeñaba
Una y otra vez, en destruir sus barcas
Y arrastrarlos a la orilla de piedras y corales

El sol irritado trataba de hacer arder
La pequeña choza, de cuyo alrededor
Habían huido toda planta, todo  animal

Y era tan grande el silencio en rededor
Que el vacío parecía el Edén
Y también un infierno desolado

Huyó entonces a la ciudad
Renunció al nombre y al patrimonio

Pero al llegar a la fiesta de Caná,
Al vino del santo nombre, al perdón de los hombres
El rabí lo miró despiadado,
El vino volvió a ser agua,
El agua sangre coagulada
Y entonces entendió,
La marca lo había acompañado.
 
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